Blog de Viaje a Marruecos

Día de visita: MARRAKECH (VISITA DE LA MEDINA).

Visita a pie por la medina de Marrakech.

Podrán descubrir una ciudad llena de magia y muy peculiar con una gran diversidad de lugares de gran interés. Visitarán lugares como: las tumbas saadianas, Palacio El Badia, Barrio El Mellah, El Dar Si Said, la Medersa Ben Youssef, Museo de Marrakech y Qoubba Almoravide, visita exterior de la Koutubia y sus jardines, Plaza Jemaa El Fna y su gran zoco.

Por la tarde pueden dedicar a recorrer el zoco de Marrakech y sus callejuelas.

Sábado, 10 Febrero 2018 14:00

Jbel Toubkal, el pico más alto de Marruecos

Desde Marrakech, las montañas del Atlas, con su imponente masa y sus crestas nevadas, parecen un decorado irreal. Sin embargo, basta recorrer 20 km. para iniciar excursiones inolvidables y la grandeza de los paisajes, siempre nuevos, del Atlas. Separa las costas del mar Mediterráneo y del océano Atlántico del desierto del Sahara y, de hecho, es uno de los factores que provocan la sequedad de este desierto.

El Atlas es un sistema montañoso que recorre, a lo largo de 2400 km, el noroeste de África, desde Túnez por Argelia y hasta Marruecos. Su pico más alto es el Toubkal, con 4167 m, al sudoeste de Marruecos. Esta magnífica montaña ofrece una gran variedad de aventureros senderos por donde disfrutar de una gran variedad de flora y fauna, donde las comunidades locales viven de la misma manera que sus antepasados, no afectado por el progreso de él mundo exterior.

La excursión hasta el Alto Atlas ofrece uno de los paisajes más espectaculares de todo Marruecos. Palmeras al borde de la carretera, quebradas de piedra caliza que se extienden por kilómetros, colinas llenas de verdor que casi rozan el horizonte, profundos barrancos cortados por ríos de agua dulce. Aquí también se pueden contemplar aves de caza, y en la meseta de Tichka nos podemos relajar en alguno de los muchos hoteles de la zona.

Desde Imlil, una pintoresca aldea de montaña salen las excursiones hacia el Parque Nacional del Toubkal: a la cumbre (4.165 m), punto culminante de toda el África del Norte, o a 3.800 m, donde se extiende la meseta de Tazaghaght, un desierto de piedras tan alto que desde él se dominan las nubes.

Sábado, 10 Febrero 2018 13:53

La gastronomía marroquí

La gastronomía marroquí es uno de los aspectos del país que mejor le representa ya que, como éste, posee una enorme riqueza y diversidad, debido a la multitud de intercambios culturales producidos a lo largo de su historia. Una de las propiedades más acentuadas es su carácter familiar, elaborándose casi siempre de forma casera y siendo uno de los mejores motivos para sentarse y comentar las vicisitudes del día junto a amigos y familiares.

La gastronomía marroquí

Constituye el resultado de influencias mediterráneas, orientales y africanas, tratándose así de una cocina única en la que a la sencillez y el refinamiento en su elaboración se le une la combinación de los sabores salados y dulces y un uso intensivo de las especias y condimentos.

Se prepara con materias primas de excelente calidad, siendo el aromático cilantro uno de sus principales ingredientes. El plato nacional, conocido más allá de las fronteras del país, es el cuscús, que consiste en un guiso de carne con distintas verduras, que acompañan a una sémola de trigo suave y deliciosa. Se sirve en un gran plato del que comen varias personas, al estilo tradicional.

Otra de las especialidades es el Tajin. Aunque su preparación varía en las distintas regiones del país, consiste en un estofado de carne que unas veces se acompaña de hortalizas y otras de fruta. Las recetas más sofisticadas son la del Tajin de pollo con limón confitado y olivas; el Tajin de vaca con ciruelas pasas y sésamo, y otros más atrevidos, de sabor agridulce, con almendra, miel y canela.

La repostería bereber, inspirada en antiguas recetas orientales e hispano-musulmanas, también es digna de mención. Sus ingredientes básicos son miel, almendras, pistachos, nueces, coco o sésamo, aromatizados con agua de azahar o de rosas.

Antes de terminar con la gastronomía no nos podíamos olvidar del té. En la cultura bereber tiene mucha importancia. De hecho, en toda la zona del Magreb el servir y beber té constituye un auténtico ritual social.

 

Sábado, 10 Febrero 2018 13:50

La exuberante magia de Marrakech

Este recorrido desde la plaza Djemaa El Fna se adentra por los monumentos y zocos más importantes de esta antigua ciudad imperial que atrae a miles de visitantes cada año.

A primera vista Marrakech consigue mimetizarse con las arenas del desierto gracias al ocre rojizo de sus edificios y murallas. Sin embargo, pronto surgen los matices, ya que la ciudad se levanta ante un grandioso oasis de palmeras, una mancha verde en medio de la aridez, y se enmarca entre las elevadas cumbres del Atlas, que asoma sus picos nevados por las calles de la ciudad. Marrakech fue fundada en 1062 como asentamiento almorávide y transformada en ciudad imperial de los almohades quienes la hicieron su capital, embelleciéndola en 1157 con la mezquita de la Kutubia, uno de los monumentos más bellos del Magreb.

Antes de visitar esta joya artística, conviene descubrir el alma de la ciudad: la plaza Djemaa el Fna. “Mejor que Arzak y que los hermanos Roca, ven, ven a probar…”. Un joven vendedor adivinó mi origen y así pretendía atraerme hacia uno de los puestos de comida que a la caída del sol se instalan en Djemaa el Fna.

Una plaza con vida propia

Corazón palpitante de la ciudad, esta plaza detenida en el tiempo tiene dos caras. Desde la salida hasta la puesta del sol es el escenario que comparten todo tipo de artistas y buscavidas. Las primeras en tomar lugar son las mujeres que tatúan con alheña o henna, a las que les siguen encantadores de serpientes, saltimbanquis, tragasables, aguadores, sacamuelas, quiromantes… Al caer la tarde, el humo de los fogones y el olor a especias anuncian la llegada de los puestos de comida a Djemaa el Fna, donde familias enteras y turistas comparten mesa y conversación.

La hora de la cena suele estar amenizada por los tambores de los músicos gnauas, miembros de cofradías místicas musulmanas de origen subsahariano. El crepúsculo es también el momento de los cuentacuentos, que llegan del desierto con sus historias transmitidas oralmente de generación en generación, y a los que los marrakechíes escuchan fascinados. Lo más deslumbrante es que todo este espectáculo es auténtico, no una función para turistas, y viene representándose a diario desde hace siglos, lo que ha llevado a la Unesco a declarar esta plaza Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Además del alma y corazón de la ciudad, Djemaa el Fna es la puerta de entrada a la medina marrakechí, un mundo de zocos y artesanos en el interior de un laberinto urbano indescifrable, delimitado por las murallas de la ciudad. Una docena de gremios se apiñan en la medina. Aun con el mapa en la mano, es casi imposible no perderse en algún momento. Pero ese es justamente su encanto, dejarse llevar por los aromas y colores de los tintes naturales para aparecer en el zoco de los tintoreros (Sebbaghine); seguir el martilleo sobre piezas de metal para salir al zoco de los artesanos del cobre y el latón (Attarine); dejarse seducir por los destellos del oro y la plata en el zoco Siyyaghin; o escuchar las suaves notas musicales para ver el trabajo de los lutieres en el zoco Kimakhine.

Uno de los ritos obligados en la visita a Marrakech consiste en subir a una calesa al atardecer para llegar hasta La Menara, un parque erigido en el siglo XII para disfrute de los sultanes, convertido hoy en un apacible jardín que, en días despejados, ofrece vistas de los picos nevados del Alto Atlas. Un gran estanque de agua con un elegante pabellón y la sombra de los olivos refrescan las brisas y alivian el verano marroquí.

De regreso al centro topamos con las murallas que envuelven el núcleo antiguo. A través de una de sus puertas más bellas, Bab Agnau, se accede a las Tumbas Saadíes, un conjunto de mausoleos reales descubiertos en 1917. Un jardín repleto de rosas que recrea el paraíso de Alá se convierte en el eje de dos pabellones en los que se sitúan los monumentos funerarios decorados con un gusto exquisito. A poca distancia de allí, atravesando las callejuelas del barrio judío, se levanta el Palacio Bahía. Conserva más de 150 estancias bellamente engalanadas con mármol de Meknés, madera de cedro del Atlas y azulejos del Rif, y un patio suntuoso rodeado por una galería de columnas.

Hacia el núcleo antiguo

Callejeando sin rumbo por la medina se llega seguro a la mezquita de la Kutubia, orientados por su esbelto minarete que inspiraría el de la Giralda de Sevilla y es visible desde muchos lugares, gracias a una antigua ordenanza todavía en vigor, que prohíbe que los demás edificios del casco antiguo superen en altura a las palmeras. La Kutubia es la herencia más brillante del periodo almohade y un bello rincón, ya que los jardines que la rodean, con naranjos y estanques, son ideales para tomarse un respiro del bullicio de Djemaa el Fna y del trasiego de los zocos.

Antes de abandonar el núcleo antiguo de Marrakech también valdrá la pena visitar el Museo Dar Si Saïd, con estancias lujosamente decoradas donde se exponen artesanías del sur de Marruecos, y especialmente la madrasa de Ben Youssef, una escuela coránica fundada en el siglo XIV, que ha sido restaurada y hoy luce sus suelos de mármol, sus azulejos zellij, estucos de yeso y magníficos trabajos en madera.

Si Marrakech es una puerta natural para acceder al desierto y a las montañas marroquíes, la ciudad de Uarzazat es el preludio de las dunas y los fértiles oasis que salpican el desierto del Sáhara. Hasta ella se accede en unas tres horas en coche o en todoterreno desde Marrakech, no sin antes detenerse en una de las joyas de la zona, la kasbah de Aït Benhaddú, una fortaleza de adobe inmortalizada en películas como Lawrence de Arabia o Indiana Jones. Uarzazat también tiene su propia kasbah, Taourirt, que ha sido restaurada para recuperar sus torres almenadas y lujoso interior.

Fuente: nationalgeographic.com / Foto: Sarah Loetscher

Sábado, 10 Febrero 2018 13:48

El Atlas marroquí

El Atlas es un sistema montañoso que recorre, a lo largo de 2400 km, el noroeste de África, desde Túnez por Argelia y hasta Marruecos. Su pico más alto es el Toubkal, con 4167 m, al sudoeste de Marruecos. La población del Atlas es mayoritariamente bereber en Marruecos y en Argelia.

El Atlas separa las costas del mar Mediterráneo y del océano Atlántico del desierto del Sahara y, de hecho, es uno de los factores que provocan la sequedad de este desierto. El Atlas se divide en tres macizos principales, que a su vez se subdividen en varias cordilleras:

  • El Atlas marroquí (Marruecos):
  • El Atlas Medio (3356 m)
  • El Alto Atlas (4167 m)
  • El Pequeño Atlas o Anti-Atlas (3305 m)

Desde Marrakech, las montañas del Atlas, con su imponente masa y sus crestas nevadas, parecen un decorado irreal. Sin embargo, basta recorrer 20 km. para iniciar excursiones inolvidables y la grandeza de los paisajes, siempre nuevos, del Atlas. Saliendo por el sudeste de Marrakech se atraviesan acogedores pueblecitos bereberes: Aghmat, Dar Caïd Ouriki. Luego sigue una carretera flanqueada por jardines escalonados en terrazas, a lo largo del “oued” de Ourika, hasta Arhbalou, el mejor sitio para elegir lo que se quiere ver entre tanta variedad.

La excursión hasta el Alto Atlas ofrece uno de los paisajes más espectaculares de todo Marruecos. Palmeras al borde de la carretera, quebradas de piedra caliza que se extienden por kilómetros, colinas llenas de verdor que casi rozan el horizonte, profundos barrancos cortados por ríos de agua dulce. Aquí también se pueden contemplar aves de caza, y en la meseta de Tichka nos podemos relajar en alguno de los muchos hoteles de la zona.

Quizás girar a la derecha hacia el Oukaimeden (2.600 metros de altura), la célebre estación de deportes de invierno, a tan sólo 74 kilómetros de Marrakech. O bien, admirar Setti Fatma y sus centenarios nogales, y bañarse en las aguas revitalizantes de sus siete cascadas. O seguir hasta Annameure, pueblo de la tribu de los Aït Oucheg, para alquilar allí unos mulos y trepar hasta Djebel Yagour, santuario de la prehistoria marroquí que se enorgullece de sus 2.000 pinturas ruprestes.

Hacia el sur, a 47 kms. de Marrakech, por la carretera de Taroudannt, en el típico pueblecito de Asni se practica el trueque de mercancías los sábados, día del zoco. Siguiendo hacia Ouirgane, los paisajes nos recuerdan a los cañones norteamericanos. Impresionantes gargantas nos conducen hasta Imlil, pintoresca aldea de montaña. Desde aquí salen las excursiones hacia el Parque Nacional del Toubkal: a la cumbre (4.165 m), punto culminante de toda el África del Norte, o a 3.800 m, donde se extiende la meseta de Tazaghaght, un desierto de piedras tan alto que desde él se dominan las nubes.

Al este de Marrakech se encuentran las cascadas de Ouzoud, donde el agua cae desde más de 100 m de altura. El “oued” Méhasseur, sobre el que pasa el puente natural de Imi-n-Ifri, “puerta del precipicio” en bereber, que cae en cascadas entre enormes rocas, para terminar en el lago de la presa del Aït-Aadel, en un paisaje de colinas rojas descarnadas.

La zona más pequeña, el Anti Atlas, ha ido ganando popularidad en los últimos años. Aunque está un poco fuera de los caminos, ofrece en realidad lugares fantásticos, con excelentes sitios para practicar la escalada y rincones llenos de paz y tranquilidad. El color rosa de las paredes del monte Tata se complementa con las hermosas aguas que corren desde la sierra, un lugar perfecto para relajarnos lejos del ajetreo y el bullicio de la ciudad.

Fuente: turismomarruecos.net

Sábado, 10 Febrero 2018 13:46

Desierto del Sáhara Marruecos

Detrás de las altas montañas del Atlas se esconde un misterioso paisaje, surrealista y hermoso, estamos en el corazón de Marruecos, justo donde nace el desierto del Sáhara.

Es una sensación de retroceder en el tiempo y olvidarse de la existencia del mundo, un mundo de fortificaciones, de pequeñas casas, castillos bereberes como el de las Kasbahs, y fuertes abandonados por las legiones extranjeras. Estos fueron una vez parte de las rutas de camello entre Marrakech y las grandes capitales de comercio de Sáhara.

El viaje aquí es una bella experiencia. El camino de Marrakech va hasta la cima misma de los bosques de Atlas en una altitud de 2200 metros, en el área conocida como Col de Tichka. Entonces llegan las caídas espectaculares hacia los alrededores hermosos de Ouarzazate.

Observar la inmensidad del desierto marroquí, es una experiencia única que puedes hacer realidad en tu viaje a Marruecos. Son muchas las excursiones que te ofrecen la posibilidad de visitar el desierto e incluso dormir una noche en una haima.

Los mejores tramos de desierto y en los que se pueden realizan excursiones son Zagora, y las dunas de Erg Chebbi o las dunas de Tindouf. Estas últimas están situadas a unos 5 kilometros al sur de Tamegroute y constituyen una buena elección si se quiere tener un primer contacto con el desierto marroquí.

Merzouga

El Desierto de Merzouga es la parte más impresionante del Desierto de Marruecos y es la que uno puede imaginarse al pensar en un desierto. Si bien las dunas de países como Argelia y Libia están mejor consideradas, las dunas de Erg Chebbi, al sur de Merzouga, alcanzan los 150 metros de altura y no tienen nada que envidiarlas.

Zagora

El Desierto de Zagora es más árido y con menos dunas que Merzouga. La ventaja principal de Zagora es que se encuentra más cerca de Marrakech, por lo que es el lugar más apropiado para realizar excursiones cortas, de 2 días y una noche.

Sábado, 10 Febrero 2018 13:37

Essaouira, la perla del Atlántico

Essaouira es una ciudad de la costa atlántica marroquí batida por los vientos alisios y con una población de unos 80.000 habitantes. Este lugar es un bello pueblo costero con una rica historia que se ha convertido en uno de los lugares más bonitos y fascinantes de toda la costa atlántica del país.

Debido a la gran afluencia de turistas principalmente franceses la ciudad se ha convertido en un centro de veraneo cosmopolita y uno de los principales destinos turísticos de la zona. Esto hace que sobre todo durante el verano que es la época de más afluencia, pasear por su bella medina sea algo agobiante.

Uno de los puntos que llama más la atención de esta ciudad es su trazado europeo en forma de cuadricula y sus zonas urbanas rodeadas de antiguos bastiones proyectado a finales del siglo XVIII.

Pese a que como hemos dicho se está convirtiendo en una ciudad muy turística los que prefieran una localidad alejada de la tensión del regateo y a los empujones propios de las grandes urbes, en su viaje por Marruecos se decantarán por Essaouira.

El turismo aquí está en plena expansión por ser un lugar balneario excepcional y por su reserva natural en la isla Mogador, por su Medina hoy en día declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad.

Situada a los pies del Gran Atlas, Essaouira se levanta sobre una cercana isla rocosa, cara al océano y rodeada de colinas, de bosques y de dunas de fina arena, Essaouira goza de un microclima excepcional que favorece los cultivos del cereal, al igual que el pastoreo caprino y una producción forestal que es la base de su economía.

Su artesanía es rica y variada, testigo del intercambio cultural. Además los “souiri” como se les conoce por aquí, son maestros en orfebrería, marquetería y ebanistería, sobretodo de la madera de “thuya”. Además de otros tesoros como el aceite de Argan. La pesca es un sector de actividad importante gracias a su puerto pesquero, el corazón de Essaouira se encuentra en sus artesanales astilleros, únicos en el mundo.

Desde finales del siglo XX, la curiosa llegada de aventureros y artistas como Frank Zappa o Jimi Hendrix le ha devuelto un cierto renombre a la ciudad.

Qué ver en Essaouira

Esta preciosa ciudad que parece haberse perdido en el tiempo, es especialmente tranquila y agradable además la suavidad de su clima y sus magníficas playas de arena rubia, hacen de este destino una visita obligada si estamos haciendo una ruta por el sur de Marruecos.

En Essaouira hay varios lugares de interés que debemos visitar, como por ejemplo su preciosa Medina que está formada por anchas calles llenas de galerías que dan paso a numerosos talleres de artesanos, pequeñas tiendas de todo tipo, cafeterías y restaurantes. Desde el momento en que entren por una de sus tres puertas monumentales, Bab Sbâa, Bab Marrakech y Bab Doukhala, se encontrarán en medio de un alegre bullicio, donde cada uno se dirige a sus ocupaciones. Aquí no hay vehículos motorizados: todo es transportado en carretas tiradas aun por mulas. Lo que impresiona inmediatamente al visitante es la blancura de las paredes de las casas y el azul de las ventanas y puertas, que recuerdan un poco a las islas del Mediterráneo. Con nuestras rutas de un día podrás recorrer una de las medinas costeras más bonitas de Marruecos, bordeada de una gran muralla de roca con almenas y cañones, garitas y torreones. Esta muralla esconde callejones plagados de comercios de todo tipo. Almuerzo libre, les recomendamos que lo hagan en los chiringuitos típicos de pescado fresco. Después, podrán acercarse a la zona del puerto. Grandes barcos de pesca, barquitas azules para pesca de bajura, pescadores arreglando redes, bollas y otros útiles de pesca y la lonja.

Sábado, 10 Febrero 2018 13:22

El clima en Marruecos

Marruecos cuenta con un paisaje de una espectacular variedad, combinando desierto, mar y nieve con inusitada facilidad. La costa sur se extiende hasta los límites del Sáhara Occidental, mientras que en el norte, la mayor parte de la población habita las faldas de las montañas del Atlas, a menudo cubiertas de nieve. Los montes representan una buena protección contra su vecino oriental, Argelia.

Entre las montañas y la costa atlántica aparecen altiplanos y llanuras fértiles bien irrigadas. En el extremo sur, en el límite del Antiatlas, los desfiladeros, como los ríos que fluyen en sus bases, se van secando gradualmente a medida que se adentran en la interminable arena y los paisajes pedregosos del inmenso Sáhara.

Marruecos es el más frío de los países cálidos. Especialmente en las regiones más elevadas, el invierno pueden resultar realmente glacial. En verano, en las montañas hace calor durante el día y frío por la noche. A lo largo de la estación pluvial, entre noviembre y abril, sólo llueve de manera ocasional.

Este es el clima del país por zonas

  • El litoral Atlántico goza de una inviernos suaves y templados , los veranos son cálidos. Muy ventoso durante todo el año y el agua relativamente fría. Tenga cuidado también con las corrientes oceánicas.
  • La parte norte del país tiene un clima mediterráneo. Puede hacer mucho calor en las ciudades costeras en el comienzo de la primavera, el clima en el Rif es mucho más fresco. Chefchaouen sufre un invierno duro y es frecuente encontrarse con una espesa niebla en los caminos de montaña hasta muy entrada la primavera.
  • En el centro del país, el clima es agradable durante los inviernos, los veranos son particularmente duros y áridos. El pico más alto, Jebel Toubkal, el punto más alto en el norte de África, se encuentra a 4167 m. Así, no es raro que las nevadas superiores a 1 m en algunas aldeas del Atlas. Además, en esta región, las noches son frescas.
  • Más al sur, el clima es desértico.

En todas las regiones de Marruecos, las diferencias de temperatura pueden ser importantes en el mismo día. A lo largo de la costa atlántica de Marruecos, mayo-agosto, una espesa niebla a menudo lo invade todo por la mañana, dispersandose sobre las 13h o 14h. Se trata de un fenómeno meteorológico llamado “cielo blanco”. La insolación media anual es de 8 horas al día en Agadir, Fez, Marrakech, Ouarzazate y la temperatura media en estas ciudades supera los 17 ° C. El Chergui (viento seco y caliente que sopla desde el este) a veces viene desde el desierto, y empuja el mercurio unos cuantos grados. La primavera es la mejor época para visitar el país. Los árboles están en flor. El otoño puede ser una buena estación para visitar las ciudades imperiales. Para visitar las regiones del sur del Alto Atlas, es preferible hacerlo en el periodo de octubre a mayo, ya que en verano, la temperatura es de alrededor de 45 ° C.

Fuente. turismomarruecos.net

Sábado, 10 Febrero 2018 13:15

Bereberes de África del Norte Marruecos

A diferencia de otras regiones norteafricanas, Marruecos ha estado habitado desde tiempos inmemoriales. Los bereberes, o imasighen (“hombres de la tierra”), se instalaron hace miles de años y llegaron a controlar todo el territorio comprendido entre Marruecos y Egipto. Divididos en clanes y tribus, siempre han guardado celosamente su independencia y precisamente esta característica les ha ayudado a conservar una de las culturas más fascinantes del continente.

Los primeros bereberes se mantuvieron impertérritos ante las invasiones de los colonos fenicios, e incluso los romanos no consiguieron alterar su modo de vida tras el saqueo de Cartago en el año 146 a.C. Éstos trajeron consigo un largo período de paz durante el cual se fundaron muchas ciudades, y los nativos de las llanuras litorales se convirtieron en sus residentes. El cristianismo hizo su aparición en el siglo III y, una vez más, los bereberes afirmaron su tradicional oposición al poder centralizado convirtiéndose en seguidores de Donato (un líder sectario cristiano que alegaba que sólo los donatistas constituían la verdadera Iglesia).

El Islam irrumpió en la escena mundial en el siglo VII, cuando los ejércitos árabes cruzaron su frontera. Conquistaron rápidamente Egipto y llegaron a controlar todo el norte de África hacia principios del siglo VIII. Tras esta invasión surgieron los almorávides, que ocuparon Marruecos y la Andalucía musulmana; fundaron Marrakech, a la que designaron como su capital, pero pronto fueron reemplazados por los almohades.

Bajo estos nuevos gobernantes se estableció un cuerpo profesional de funcionarios y las ciudades de Fez, Marrakech, Tlemcen y Rabat alcanzaron el cenit de su esplendor cultural; pero, finalmente, debilitado por sus derrotas en España ante los cristianos, el gobierno musulmán empezó a flaquear. En su lugar vinieron los meronitas de las tierras del interior marroquí y la zona volvió a resurgir hasta que la culminación de la reconquista cristiana en España en 1492 desató las revueltas que borrarían a la nueva dinastía en menos de cien años.

Después de la instauración y caída de varias dinastías de corta duración, en la década de 1630 la dinastía alauita impuso un dominio completo que sigue firme en la actualidad. Con su pragmatismo y a pesar de las dificultades, ha conseguido mantener a lo largo de más de trescientos años la independencia de Marruecos.

A finales del siglo XIX se introdujeron los comerciantes europeos, y con ellos una larga etapa de renovaciones coloniales. Surgió entonces el interés de Francia, España y Alemania por invadirlo debido a su situación estratégica y a su riqueza en recursos comerciales. Los franceses vencieron y ocuparon prácticamente el país entero en 1912; España mantuvo un pequeño protectorado costero y Tánger fue declarado territorio internacional.

El mariscal francés Lyautey respetó la cultura árabe. En lugar de destruir las ciudades marroquíes existentes construyó nuevas urbes en sus proximidades. Convirtió Rabat en la capital y potenció el puerto de Casablanca. El sultán permaneció, pero apenas como una figura simbólica. Los sucesores de Lyautey no fueron tan sensibles: sus esfuerzos por acelerar el dominio francés llevaron a las gentes de las montañas del Rif, encabezadas por el erudito bereber Abd el-Krim, a levantarse contra las fuerzas de ocupación. Únicamente la unión de los 25.000 soldados hispanofranceses pudo forzar finalmente a Abd el-Krim a rendirse en 1926. Hacia la década de 1930 más de doscientos mil franceses habían formado su hogar en Marruecos. Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas aliadas utilizaron el país como base desde la cual expulsar a los alemanes del norte de África.

Una vez finalizada la guerra, el sultán Mohammed V creó un partido independentista que finalmente aseguró la independencia marroquí en 1956.

Mohammed V se autoproclamó rey en 1957 y fue sucedido cinco años más tarde por su hijo, Hassan II. Este popular líder consolidó su carisma entre los marroquíes organizando la Marcha Verde al Sáhara Occidental, antiguamente ocupado por España. Con una fuerza de 350.000 voluntarios, los seguidores de Hassan doblegaron a los saharauis para reclamar la zona, muy rica en minerales, como propia.

Los aproximadamente cien mil habitantes del Sáhara no aceptaron la invasión y reclamaron su independencia. El Frente Popular del Sáhara Occidental para la Liberación de Saguia al-Hamra y Río de Oro (Polisario) inició una guerra de independencia. En 1991, las Naciones Unidas intervinieron en un acuerdo de alto al fuego y más recientemente han decidido mantenerse en la zona. Mientras que la población marroquí en general aplaudió la invasión del sur, ésta contrarió tanto a los vecinos argelinos como a los propios saharauis occidentales. Desde entonces, las relaciones de Marruecos con Argelia son muy precarias.

En julio de 1999 el rey Hassan II, que había reinado como monarca absoluto (a pesar de algunos cambios semidemocráticos, en la constitución) durante 38 años, fue sucedido a su muerte en el trono por su hijo, el rey Mohammed VI, quien prometió eliminar la corrupción del gobierno, facilitar la libertad de prensa e institucionalizar una reforma democrática tan pronto como sea posible. Las tan anheladas reformas democráticas chocan contra un muro en este país todavía anclado en sus raíces feudales, pero parece que el joven monarca tiene intención de darle una buena oportunidad a la nación.

Sábado, 10 Febrero 2018 13:06

Viajes al desierto de Zagora desde Marrakech

Es una tranquila ciudad de unos 30.000 habitantes que se sitúa junto al Draa. Ciudad apodada como la “Puerta del Desierto” cuya actividad gira entorno a una calle principal, ya que nunca ha estado tan poblada como para tener otro tipo de estructura urbana. Se encuentra al sur este de Marruecos, a unas pocas decenas de kilómetros al oeste de la frontera con Argelia. Esta ciudad es un buen lugar para todos aquellos que quieran continuar su viaje por tierras del sur o bien los que quieran disfrutar del desierto de Erg Chegagagracias a su cercanía con Marrakech. La ciudad está en la región de Souss Massa Draa, cerca de 360 km al sureste de Marrakech.

¿Sueñas con tranquilidad, sol y con desconectar de todo? ¡Bienvenido a Zagora! Aquí encontrarás la paz más absoluta, un cambio de paisajes y de cultura. Zagora tiene la fama de ser la ciudad más calurosa de todo Marruecos, su vegetación se ve relegada a tan solo algunas pequeñas zonas verdes y algunas palmeras aisladas.

Si no aguanta bien el calor, evite venir los meses de agosto puesto que la temperatura media son 45°. Los vientos calientes y secos del Sahara, como el Chergui, empujan el termómetro hasta lo más alto. Es mejor elegir entre octubre y febrero para visitar Zagora y para disfrutar de un clima más templado.

Zagora es una parada en la ruta de las caravanas. Se encuentra en la puerta del desierto del Sáhara, un lugar de reflexión y de merecido descanso. Se sorprenderá por la amabilidad de la gente, deslumbrada por la arquitectura tradicional, su exquisita cocina con sabores de especias y por la variedad de paisajes como los palmerales y las dunas que allí se encuentran.

La ciudad de Zagora tal y como la conocemos hoy se fundó en época colonial francesa como centro administrativo de la región, junto al Ksar de Amezrou, en los años 30 del siglo XX (toma su nombre del monte bajo el que se asienta), siendo construida junto a las ruinas de una antigua fortaleza de la época almorávide (del que se pueden observar aún restos de sus murallas en la ladera del Jbel Zagora, y en peligro por la construcción de un hotel que, de momento, se encuentra paralizado). Todo el valle del Draa ha estado poblado históricamente (la dinastía Saadí es originaria de la región), ya que era un punto clave dentro de las rutas caravaneras que atravesaban el Sáhara bajando sal y subiendo esclavos. El casco antiguo de la ciudady el barrio judío son de arquitectura tradicional, pero el resto es enteramente de hormigón, y está creciendo a enorme velocidad en dirección al norte debido a la proliferación del turismo. Es una zona rural que recientemente ha descubierto el potencial turístico. Es desde aquí donde se organizan a diario todo tipo de excursiones y rutas a las dunas de Tinfou así como largas rutas de meses con destino Tumbuctú. Siendo esta una ruta histórica la cual nos recuerda el cartel de la entrada de la ciudad que dice “Tumbuctú 52 días” (de camello se entiende).

Qué ver en Zagora

En la biblioteca de Tamegroute, 20 kilómetros al sur de Zagora, se ubica en un famoso Ksar que alberga manuscritos antiguos religiosos, algunos que datan del siglo XIII, escritos realizados sobre piel de gacela, que se conservan en perfecto estado. También es interesante una visita a los hornos de alfarería. Visite también los ksars de los alrededores que son magníficos pueblos fortificados. Por supuesto, una puesta de sol en las dunas y es un espectáculo absolutamente impresionante.

Las dunas den Tinfou situadas un poco más al sur y junto las de M´hamid y Merzouga son la imagen más idilica del desierto. Otros de los lugares interesantes en sus alrededores e la pequeña localidad de Amazrau(Situada a tan solo 1,5 km).

Por las mañanas zagoratiene una gran animación de caravanas de todoterrenos preparándose para realizar la antigua pista del París Dakar que comunica Zagora con Merzouga. También puede verse por la zona nómadas y Tuareg.

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