Jueves, 21 Junio 2018 01:09

Esauira

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Essaouira 1

Esauira, un paraíso escondido en la costa de Marruecos

 

La Perla del Atlántico. La Bella Durmiente. La Ciudad de los Vientos. Todos estos lugares son el mismo, que aún tiene más apelativos: La Bien Dibujada, La Pequeña Imagen. Los fenicios –presentes desde el siglo V a.C.– bautizaron este enclave con el evocativo nombre de Mogador. Y al final se quedó como Esauira, nombre que refiere el matrimonio de la ciudad con el mar, que sugiere los refrescantes vientos alisios y se identifica con el omnipresente azul turquesa.

Esta pequeña ciudad bañada por el Atlántico es la capital de la provincia de Esauira, en la región de Marrakech–Tensift–Al Hauz. Dos escuelas de arquitectura marcan su carácter: en el siglo XVI los portugueses construyeron su espléndido puerto y sus fortalezas para defenderla de los feroces piratas de Argel; dos siglos más tarde los franceses se hicieron cargo de su casco urbano.

La ciudad –refundada por el sultán alauí Sidi Mohammed Ben Abdallah en 1764– tiene unas dimensiones razonables (unos 13.000 km2), una población reducida y amable (70.000 habitantes) y una espectacular medina (Patrimonio de la Humanidad desde 2001). Fresca en verano, es una excelente alternativa –o complemento– a la bulliciosa Marrakech (a 180 kilómetros).

Su medina cautiva por ser más pequeña que otras –lo que hace relativamente más fácil orientarse y tener localizadas sus puertas norte, sur, este y oeste–, y sobre todo por la presencia de sus balsámicos azules, que dan a sus calles el aspecto de acuarelas.

Las fachadas encaladas con puertas de este color le brindan su carácter marino, y se dejan descubrir entre los callejones, las tiendas de artesanía (ricas en objetos de cerámica, plata y la suave y aromática madera de tuya) y las exóticas teterías, rincones misteriosos de una ciudad de leyenda. Parte de esta está en el cine, como recuerda el busto que aparece en la plaza de Orson Welles y que recuerda que el cineasta rodó aquí 'Otelo' en 1949. Más adelante vinieron Ridley Scott (a filmar 'El reino de los cielos'), Oliver Stone ('Alejandro Magno') y Andrucha Waddington ('Lope').

La medina brinda a sus habitantes los cinco requisitos para vivir en armonía: mezquita, escuela coránica, fuente, horno de pan y hammam. Para el visitante tiene otros igualmente convenientes, como son la existencia de un hotel ryad –o pequeño palacio con un jardín central– tan fascinante y acogedor como el Heure Bleue Palais (Relais Château). O el vestigio palaciego de la época hippie que atrajo al mismísimo Jimi Hendrix: el Dar L’Oussia.

Este hotel y restaurante de carácter marroquí y espíritu europeo en el corazón del barrio antiguo, es idóneo para solazarse en su terraza y admirar la bahía mientras suena a lo lejos la música gnawa, que atrajo al mítico guitarrista por su trance hipnótico africano, y que hoy tiene su reclamo en el Festival Gnawa (que se celebrará del 21 al 23 de junio). Creado en 1998, está considerado como una suerte de Woodstock marroquí, y atrae cada mes de junio unos 400.000 espectadores.

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